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Columna de Opinión de Antonio Gil: Desangramiento de fiscales

FUENTE: PUBLICADO EN LAS ÚLTIMAS NOTICIAS (IMPRESO 07-05-2015)

Estamos asistiendo por estos días a un peligroso curso de colisión entre el Gobierno y el Ministerio Público, fenómeno que a nuestro entender es de una gravedad inimaginable. El Ministerio Público sería, según el especialista Javier Castro Jofré, “un organismo autónomo y jerarquizado que tiene a cargo la investigación penal, eventualmente, el ejercicio de la acción penal pública, y la adopción de medidas para proteger a víctimas y testigos”. Conforman esta entidad la Fiscalía Nacional, que tiene como cabeza al fiscal nacional; dieciocho fiscalías regionales, cada una con su correspondiente fiscal; y un conjunto de unidades operativas en cada región, que son las fiscalías locales.

Como nos podemos imaginar, este organismo necesita plata para funcionar como debe. Pues bien, en atención a eso se le había prometido una importante y necesaria inyección de recursos, ya que se encuentra bastante anémico. Pero ocurre que esa dosis de energía prometida comenzó a ser dilatada y olvidada cuando el poder político vio venir a estos “cazadelincuentes” hacia sus propios bolichitos personales, sus negocios inconfesables o sus compritas locas de terrenos, incautando sus computadores con pruebas incriminatorias, huroneando en sus cuentas y boletas truchas. Se suponía que debían andar buscando ladrones de autos y vendedores de papelillos de coca, no metiéndose a revisar los esqueletos en el clóset de los “representantes y servidores del pueblo” y sus amiguitos platudos.

Todos consideramos al Ministerio Público, y así se presentó en sus inicios, un salto cuántico en eficiencia y rapidez, un agente modernizador de un sistema judicial que daba asco. Y sin duda lo seguirá siendo si cuenta con los recursos necesarios. Sin recursos, ni modo. Pues bien, en lo que aparece como una evidente y grosera maniobra coercitiva, y quiera Dios nos estemos equivocando, el poder político ha resuelto dilatar la asignación de recursos a esta institución, por sentir que amenazan sus intereses en el ecosistema del pantano. Claro, al tomarse tan en serio su pega les vino a los fiscales por meter la nariz en ese mundo de noche y niebla donde se cruzan las platas de la política con las donaciones y propinas de aquí y de allá, manejo de información privilegiada y todo tipo de trapacerías del lumpen ABC1.

Eso es al menos lo que parece, y de no serlo es urgente sea aclarado a la brevedad. El organismo persecutor no puede aparecer ante el país entero (aunque sólo sea una ilusión óptica) tratando de ser desangrado por los políticos como en una vendetta por la nula docilidad mostrada a su poder omnímodo, indocilidad que es justamente lo que el país necesita y para lo cual el Ministerio Público fue creado, evitando los vicios y corruptelas del viejo sistema feudal. Los políticos dicen que la persecución de los fiscales es para apurar las platas. No sabemos muy bien por qué, pero, en esta pasada, como que les creemos más a los fiscales.

LA RECTA PROVINCIA

Todos consideramos al Ministerio Público un agente modernizador de un sistema judicial que daba asco. Y sin duda lo seguirá siendo si cuenta con los recursos necesarios. Sin recursos, ni modo.